Una madre especial

Cuando una mujer recibe la noticia de su embarazo, de alguna forma, vive un momento único de comunión y esperanza con esa semilla que nace dentro de ella, que ve la luz dentro  de ella y como un milagro de Dios se va desarrollando dentro de ella  para dar forma y calor a una nueva vida. Por tanto, un embarazo no debería significar realmente un estado de enfermedad o desmotivación. Ello dependerá de las circunstancias del entorno que esté viviendo la mujer durante su periodo de gestación.

Una experiencia realmente conmovedora fue la de Ofelia, comunicadora social y docente universitaria. Ofelia es una persona ocurrente, chispeante, alegre y decidida, es una de esas mujeres que siempre tiene algo nuevo que contar. Cuando se enteró de su primer embarazo, el médico le informó que dada su edad, más de 35 años, podía haber complicaciones, ya que ella era lo que se llama “primeriza añosa”, es decir, añeja, que es cuando los años transcurridos de vida restan fertilidad al organismo femenino.

Según fuentes médicas es entre los 16 años de edad y los 28 años que una mujer está en el esplendor de la fecundidad; pasados esos años pueden surgir problemas. Claro que no siempre una primeriza añosa sufre algún tipo de inconveniente, hay quien llega a tener un embarazo completamente normal pero no fue el caso de Ofelia, que sufrió de preclamsia, uno de los riesgos más comunes en embarazadas con más de 35 años de edad. La preclamsia es tener presión alta durante la gestación, lo que pone en riesgo la vida de la madre y del nené.

Sufrir de preclamsia la llevó a estar tres veces interna en terapia intensiva. Por supuesto que al principio del embarazo, además de alegría, Ofelia sintió un profundo temor por razones de salud. La de ella y la del futuro bebé. No obstante, Ofelia siguió luchando con su bebé hasta la semana 32. Un nacimiento prematuro lo sacó del vientre materno pero el bebé no sobrevivió y, al mes de nacer, murió. Basta solo imaginar lo que habrá sentido esta mamá que ya estaba advertida de lo que podía suceder.

No obstante, Ofelia logró ser madre nuevamente y tuvo una hija, que hoy en día terminó su bachillerato y a pesar de tener un leve retardo cognitivo está luchando por graduarse de diseñadora gráfica.

En ambas situaciones, Ofelia no pudo dejar de lado sus compromisos laborales. Al contrario, debió salir adelante laboralmente para superar el trauma del hijo fallecido y luego para dar el sustento a su segunda hija.

Al principio, esta madre trabajadora pudo obtener licencias para el cuidado de su hija en situación especial, pero a medida que la niña fue creciendo los permisos disminuyeron. En este caso, Ofelia debió enfrentarse a la misma circunstancia que muchas mujeres en Latinoamérica, y es encontrar un ambiente laboral en el que sus condiciones de madre no están debidamente protegidas ni garantizan un adecuado crecimiento de la familia, más en el caso de un pequeño en una situación especial, o en caso de enfermedad. Ofelia como tantas mujeres latinoamericanas no contaba con un respaldo laboral al momento de dejar a su hija al cuidado de terceras personas.

Son muchos los retos que cada madre debe afrontar, sobre todo en la esfera laboral, pero un hijo da un impulso y una fuerza interior que se revela en el esfuerzo por sacarlo adelante. No obstante, a veces es válido no saber cómo lidiar con ciertas situaciones. A veces Ofelia no sabía cómo lidiar con el sentimiento de culpa que le ha producido trabajar sin poder dedicarle mayor tiempo a su segunda hija. Ello ha logrado compensarlo dándole tiempo de calidad, mas que tiempo en cantidad. Recurrió a una fuerza interior pero sin el apoyo del entorno laboral, para el cual ella estaba produciendo y dando ganancias.

Cada historia de vida, de cada mujer que empieza una nueva etapa al ser madre, está rodeada de situaciones diversas y cada una guarda su propia complejidad. Cada madre está en el derecho de buscar los recursos que alivien el camino que debe recorrer, ya sea con lecturas estimulantes, amistades benefactores, ejercicios y alimentación saludable, además de, por supuesto, la sabia y amorosa compañía de su compañero. Así, durante el embarazo la mujer puede experimentar emociones placenteras pero no estarán exentas de contradicciones.

En el interior de toda mujer se anidan el miedo, el gozo, la alegría, la vitalidad, la fuerza y la voluntad de ser madre, pues todo ello la ayudará en esa tarea infinita y conmovedora que tendrá el resto de su vida. Sin duda, esta tarea exige el compromiso del Estado, de las leyes y de las empresas por ofrecer a las madres trabajadoras un ambiente lleno de seguridad y confianza en el que ellas puedan dar lo mejor y recibir a cambio lo mejor

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País

Tengo una depresión que me ha durado cuatro años.

Esa depresión se llama país.

Contra la recomendación de todos los sicoanalistas, esa que dice que toda depresión debe ser superada en mínimo un año, en máximo dos años, cada día que pasa siento que esta melancolía se afinca en mi ser.

Me descubro añorante, con el pensamiento hundido en el pasado.

Descubro que cada vez que menciono tu nombre, país, lloro fácilmente, sin poder controlarme. Muchas veces me preguntó por qué me siento así. En apariencia todo lo tengo: un apartamento bonito, propio, mi computadora, mi cocina, dos baños; además tengo un hijo hermoso, que va al colegio, es sano, inteligente, normal; tengo una familia; unos padres a los que aún puedo disfrutar; hermanos, cuñados, sobrinos … Sin embargo, permanentemente tengo una sensación de pérdida, de desconcierto.

Tengo un hogar, una familia, un hijo pero no tengo una patria. No tengo un país.

Hacía mucho tiempo que solía vivir en uno, de donde nunca quise irme.  Solía vivir en una ciudad que me hacía vibrar. Donde a cada paso descubría un gesto, un símbolo, una señal, que me hablaban. A cada paso descubría gestos, símbolos, señales que hablaban de mí. Todo era cierto, podía palparlo. Quizás eso era lo que más me gustaba, lo que más me seducía y me enamoraba. Sentía deseo por ti, país, tú estabas al alcance de mi mano y cada día te disfrutaba, cada día me entregabas al amanecer una nueva oportunidad. Así me lo diste todo. Entonces, para qué buscar lejos lo que aquí tenía. Hoy eso es solo un recuerdo. Un recuerdo que duele, que angustia, que irrita.

Y es que en pocos años, te volviste un extraño. Cambiaste, país. Cambiaste y mucho. Cambiaste, te mudaste, te colocaste en un lugar al que ya no puedo entrar, en el que simplemente me excluiste. Me dijiste acá no puedes estar, no puedes entrar; cuando antes, unos pocos años antes fuiste generoso y abierto. Como un padre, protector. Como una madre, nutriente. Así, aprendí a beber de ti, a crecer con tu savia. Por eso sentí que dando todo de mi, aquí, contigo, podíamos vivir algo recíproco, una relación de iguales, maravillosa. Era simplemente un amor correspondido.

Las cosas han cambiado, es el sino de los tiempos. A veces ante esta nueva faz que me presentas, simplemente, quisiera dejar de verte pero no puedo. Sueño con verme lejos de ti, de tus calles, de tus avenidas, de tu aire, de tu ambiente y sin embargo no puedo.

He querido resignarme a esta nueva realidad y tampoco puedo. Porque perder la libertad de dejarte me encadena, irremediablemente, a una realidad que detesto.

He recurrido a la autoayuda en vista de que con el sicoanálisis he fracasado. Y aunque me he encontrado con bellas sentencias, como que se está en el lugar indicado porque uno tiene una misión por cumplir o una lección que aprender, solo logro sentir rabia y desánimo. Muchas veces tristeza, impotencia, frustración por todos los años que aquí he perdido; por todos los años que junto a ti he pasado.

A veces siento que dilapidé una fortuna de voluntad y juventud a tu lado y pienso con dolor en todo lo que invertí. Hoy siento que todo eso es, como dice un poeta, humo entre mis dedos. Muchas veces pienso en la cantidad de horas que he pasado en actividades que hoy nadie toma en cuenta, en salones de clase donde trajiné verdades etéreas que a nadie le interesaron, las mil páginas que escribí y que jamás resonaron.

En fin, país, he descubierto, en la mitad de mi vida, que he perdido el tiempo. Ssenderoospecho, deleznablemente, que entre tus cuatro paredes, he vivido y te he amado en vano.

Razones para un palimpsesto

Desde hace más de dos décadas me dedico al periodismo, a la corrección de textos y en algunos momentos a la enseñanza. Aunque siempre he dicho que me dediqué al periodismo porque quería escribir. Y cuando digo ESCRIBIR me refiero a crear, a experimentar con la palabra y sus matices, una forma de expresión personal. Pero eso es lo que menos he hecho durante todos estos años. Ocasionalmente he escrito algunos textos periodísticos de los que he estado orgullosa. Siempre he tratado de hacer mi trabajo con dedicación, con paciencia, con ahínco. Pero aún queda mucho por descubrir, por imaginar y por llevar a la hoja en blanco expresiones, palabras y pensamientos que están dentro de mi y se quedan como ecos resonando al vacío. Por eso nació Palimpsesto, porque al modo de los viejos manuscritos necesito reescribrir sobre mi historia pasada, aquello que siempre he querido y no he hecho. Unas veces por la necesidad de sustento. El periodismo ha sido mi modo de sobrevivencia y de existencia, y a este oficio le debo eso. Otras veces por mi falta de confianza y de disciplina.

De manera que además de palimpsesto, aquí hay una especie de testimonio y, sin duda, es una forma de empezar. Mi idea es nutrir este espacio personal de escritura, con diferentes géneros y diferentes visiones. Aquí quiero convocar la visión de otros, que puede ser que coincidan conmigo o no a través de la etiqueta Invitados. Por supuesto no quiero dejar fuera la reseña de libros, de eventos, de videos, de canciones. El relato ficticio, lleno de evocaciones e imágenes. La crónica de lo cotidiano, del país, de mi vida como madre, como periodista, como venezolana. La fotografía como testigo fiel de la bitácora del presente. Lo autobiográfico y también lo biográfico, de los seres, del mundo, de las cosas. Pero siempre desde un punto de vista autoral, apoyada en la necesidad de reescribir las páginas, antes ocultas ahora públicas, de quien fue por muchos años periodista a sueldo y escritora por encargo, un ghost writer siempre indefinido.

Hoy solo quiero dejar huellas en mi propio palimpsesto.